UCAM: La Universidad del Deporte

Entre líneas
Juan de Dios Martínez
Presidente de APDRM

Desde los tiempos de Platón y su Academia, los conceptos de universidad y deporte han formado un binomio inseparable en la evolución filosófica de la humanidad.

A estos dos elementos el siglo XX agregó el del marketing para externalizarlos y, en el XXI, las redes sociales para generalizarlos.

La Universidad Católica San Antonio de Murcia ha interiorizado estos valores para erigirse en los últimos años como la Universidad del Deporte español. Su enorme inversión educacional y de mecenazgo ha posibilitado un salto cualitativo del deporte amateur y la sostenibilidad del profesional en los ámbitos más alejados del mediático.

Mientras cientos de alumnos baten records en las competiciones universitarias, porque la formación es su principal bandera, ha sido el fuego que ha mantenido vivo el parque de deportistas olímpicos y ha estrechado lazos con federaciones y diversos colectivos, en el momento más intenso de la crisis. Su apuesta ha trascendido las fronteras regionales, incluso nacionales hasta el otro lado del charco y los principales responsables del Deporte español se han rendido a la generosa apuesta de esta institución privada.

Lejos de los tiempos del apogeo económico, en los que tanto el Estado como las empresas privadas aflojaban el bolsillo con facilidad, ahora hay que rebuscar para encontrar un hilo de aliento. Todos los gestores públicos se las desean para satisfacer demandas, mientras que los patrocinadores sólo son proclives a abrir la ventanilla para el fútbol, baloncesto o algún deporte más con amplia difusión en los medios de Comunicación. Pero en ese mar de desencantos apareció el oasis de la UCAM para hacerse cargo de los naufragios. El mayor exponente es Mireia Belmonte, aunque hay muchos más. Atletas de élite que pueden dedicarse en pleno a sus entrenamientos porque tienen sus necesidades aseguradas. De esta manera, pueden dedicar todos sus esfuerzos a los entrenamientos y, consecuencia, a aspirar al podio en sus competiciones.

Si alguno de los olímpicos consigue una medalla en Río de Janeiro, dentro de dos años, tendrá mucha culpa el apoyo que está recibiendo desde el monasterio de Los Jerónimos.

El único requisito que pone el alma mater de la institución privada, José Luis Mendoza, es que los deportistas tienen que matricularse en alguna carrera. Esto, que puede parece nimio, les puede garantizar el futuro.

La mayoría no podrá vivir de las rentas cuando finalice su carrera, en torno a los 30 años y necesitarán formación para abordar el mercado laboral, por mucha experiencia que tengan. No es algo anecdótico. He visto a muchos pasarlo mal cuando se apagan los focos. Y hoy en día no crean que algunos se preocupan por esta circunstancia. El otro día sorprendí una conversación en twitter de un atleta internacional –cuyo nombre omito por vergüenza ajena– con otro atleta de élite. Le decía que se iba a correr
porque, si no, qué iba a hacer él dos horas en su casa pensando. ¡Pensando! Al menos en la UCAM conocen la importancia de elegir algo más profundo que la marca de sus zapatillas deportivas. Hasta pueden obtener conocimientos esenciales para el final de su carrera, justo a la edad en la que muchos jóvenes empiezan su vida laboral con siete másteres en el currículo. Por el contrario, ahí está el caso de Juanma Molina, atleta ilustre murciano, quien se graduó y doctoró cum laude mientras competía y hoy aplica sus conocimientos en la propia UCAM o como presidente de la Federación de Atletismo.

El movimiento deportivo de esta universidad ha crecido tanto que se va a expandir a la capital de España. Los convenios con la Liga de Fútbol Profesional y con el Comité Olímpico Español van a permitir levantar una sede permanente, formativa y profesional en uno de los municipios de las afueras.

La UCAM aprovechará unas de esas grandes instalaciones que se construyeron antes de la crisis y que ahora son insostenibles para Ayuntamientos pequeños. Y luego está su presencia en la Región a través del baloncesto y voleibol; o local, con sus patrocinios al tenis de mesa en Cartagena y el fútbol en Murcia, entre otros. Más lo que pueda venir, porque la cola de proponentes en el despacho de Don José Luis llega hasta Espinardo. Incluso surgió la posibilidad de que se hiciera con el Real Murcia, pero la familia Mendoza ha acabado por liderar una idea propia. Hablamos, en definitiva, de un proyecto intrincado en la sociedad en el que fijar valores sólidos. Decía Ortega y Gasset que la Universidad tiene tres misiones: enseñar una profesión, preparar investigadores y formar hombres cultos. El deporte es cultura en la UCAM.

Algo tendrá cuando lo bendicen.

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