ElPozo Murcia FS no quiere seguir viendo finales por la tele

Gregorio León 

En 2001 Zidane no podía ni imaginar que iba a ganar tres Champions con traje y corbata. Lo suyo era crear arte vestido todavía de corto. Messi todavía no había debutado con el Barcelona. Pero un brasileño nacido en Florianópolis ya entrenaba a ElPozo, después de vencer la resistencia de una junta directiva que recelaba de su bisoñez. Aún lo veía como jugador. “No me miro ya como jugador, desde hace tiempo pienso como un entrenador”, le dijo a Pedro Orenes, entonces presidente. Paulo Roberto avaló su candidatura. Y Tomás Fuertes puso el dedo hacia arriba. La llegada de Duda al banquillo supuso una bocanada de aire fresco a un club empantanado, que empezaba a perder grandeza a jirones. La cosecha acredita el excepcional trabajo hecho por Duda: cuatro Ligas, tres Copas de España, cinco Supercopas, dos Copas del Rey, seis Supercopas, una Recopa…

El brillo fue desapareciendo. Los éxitos parecían cosa del pasado. ElPozo asistía de espectador a la irrupción de equipos que ocupaban un espacio que antes le había correspondido a él. Jaén levantó dos Copas de España. La Liga quedaba como un asunto para leer en papel sepia. 2010 quedaba muy lejos. Ninguna ciudad había sucedido a Pamplona como centro de felicidad plena. Y el club iba alimentándose de triunfos menores, estimables, pero sin la rimbombancia de una Liga o una Copa. Empezaba a vivir del pasado. ElPozo demandaba un cambio. El aire estaba tan viciado y estancado como cuando él llegó a rescatar al equipo de las tinieblas.

Y el aire renovado lo trae Diego Giustozzi. Ya como jugador del Lobelle o el Caja Segovia mostró su perfil ganador. Canchero. Capaz de exprimir todas sus capacidades y de pedir lo mismo a los demás. Solo así se hace campeona del Mundo a una selección, la de Argentina, invadiendo un territorio que era exclusivo de Brasil o España. Solo así, con un grupo compacto, mosquetero (todos a una), lo bueno mejora a lo caro. Y esa filosofía, entrañada en el ideario de Giustozzi, es que la quiere que empape ahora a ElPozo. En esta aventura no está solo. Los dos grandes garantes de su fichaje han sido Fran Serrejón y Kike Boned. El director general conocía de sus aptitudes, igual que Kike Boned. El regreso del valenciano (responsable directísimo de ElPozo de leyenda) al club constituye una de las mejores noticias que ha proporcionado en la última década. Midió los tiempos. Evaluó. Dio el paso cuando debía, cuando su voz iba a ser útil, no un ejercicio estéril de disidencia. Con Kike Boned y Giustozzi vuelve un Pozo en el que no hay excusas facilonas ni coartadas exculpatorias, en el que es expulsado del barco quien no rema en la dirección adecuada. Que le pregunten a Marinovic.

Quizá no sea suficiente. Un título depende de mil azares y mil vicisitudes. De que la pelotita entre. Y la pelotita es muy caprichosa. Pero al menos el trabajo sí te pone en el raíl del camino adecuado. ElPozo no quiere seguir viendo las finales por la tele.

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