El Real Murcia estrena victoria en Nueva Condomina ante un pobre Ibiza (1-0)

David Soria Hernández

El resultado amenazaba con arruinar el romance. Que el amor durara lo que dura una hoja del calendario. Fue bonito. Fue, porque ya no es. Porque llega el asfalto, las facturas. Los puntos. Hay que llegar a final de mes y que las cuentas salgan. Adiós a los atardeceres complacientes y de promesas por cumplir. El juego que hace perdonar un 0-0. Ese “fue bonito mientras duró”. Pero no, no es un amor de verano. Es uno a primera vista que no se rompe. Porque el Real Murcia, tan zalamero como suele, evitó la frustración que todo contamina. Porque Curto convirtió un penalti abrasador, el 1-0 al Ibiza, en el aire fresco que necesitaba el equipo: la primera victoria como local.

Daba igual que el Ibiza archivara los dos puntas para reforzar el medio, o que propusiera cinco minutos iniciales de toque y presión en campo rival. El Real Murcia obliga a defender aunque no se quiera. Porque andan sueltos Manel, Alfaro y Aquino, pidiendo turno y pasándose la escopeta. En el caso de Aquino además siendo cargador de los otros, jugando messiánicamente. Segundo delantero o tercer mediocampista, como quieran.

El Real Murcia más fogoso jugaba, acosaba y se anticipaba. La pelota era suya. La movía siempre ensanchando el campo. Si Corredera tiraba desde fuera del área, Manel lo hacía desde dentro, a la media vuelta. En su caso Álex Sánchez supo achicar. También se llegaba a balón parado, pero Maestre no supo orientar el balón que le cayó. Había juego entre líneas, amplitud y conexiones rápidas. El equipo de Herrero fluía y encerraba al Ibiza, que tenía en Fobi su salida de emergencia. El extremo derecho, novedad en el once, puso al límite a Forniés y se apuntó el único tiro a puerta de su equipo, fácil para Mackay. Fue poco, pero más que la nada de dos disparos muy desviados de Chavero y Ángel.

 

A la generosidad y calidad ofensiva del Real Murcia solo le faltaba eficacia. Héber, que sabe mejor cómo desbordar que qué hacer tras el desborde, asistió a Alfaro, que no supo rematar. Disparó fuera Corredera. Repitió, pero le bloquearon el tiro como a Alfaro, tras una contra. La ambición siguió en la segunda parte. La insistencia por atacar provocó un libre directo que Aquino ejecutó centrado. Fácil para Álex Sánchez, que no por ello se relajó. Corredera chutó cruzado. Iba a gol, pero el portero se estiró de modo excelente.

Tocaba seguir. Y así lo hizo el Murcia, llevando la pelota de un lado a otro, cansando al Ibiza de tanto bascular. No se cansaba el equipo grana de dominar, muy intenso e impecable tras pérdida. Otra vez disparó Corredera, tras desbordar un Alfaro ahora en la izquierda tras la entrada de Josema. Maestre cabeceó alto en un córner. La pelota cada vez pesaba más. Las ocasiones ya no eran tan numerosas ni tan claras ante un Ibiza muy cerrado. Disparó Aquino desde fuera del área en un impulso de impotencia. Ese era el peligro, que la búsqueda llevara a la impaciencia, fritos además por las altas temperaturas.

Retumbó el estadio, auxiliando en la necesidad. Con un juego más borroso por la ansiedad y el cansancio, Herrero metió a Armando confiando en su disparo. El final, además, se estaba enredando y después de que Núñez y Aquino se encararan, el grana se vengó de cualquier posible intento de provocación. Soltó otro disparo y la pelota fue al brazo del central. El árbitro lo juzgó como penalti. Llegaba el 90’. Esa pelota ardía y no era por el calor. Pero Curto metió el balón en hielo. Gol. El querido Curto. Ese amor no caduca. Y este con e Murcia de Herrero no acaba. Parece de verdad. No es un amor de verano.

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